Marie Lise Labonté fue la creadora del Método de Liberación de Corazas, inspirado en su proceso de autocuración después de serle diagnósticada una enfermedad incurable: la Artritis Reumatoide. Sus libros, que enumeraré a continuación, son una síntesis de su proceso personal y de sanación, y fruto de una exhaustiva investigación de muchos años sobre psicosomática y energética. Algunos de sus libros: Liberar las corazasHacia el amor verdadero y Autosanar es posible (Todos ellos publicados por Ediciones Luciérnaga – Grupo Planeta).

Os dejo algunas de sus reflexiones de su libro Liberar las corazas.

Espero que os inspiren.

EL CUERPO LIBRE

¿Qué hace un cuerpo libre? Desea, se atreve a manifestar su esencia y su creatividad. Ya no es el cuerpo de «Necesito… ya no necesito…», sino el cuerpo de «Deseo, quiero, aspiro a…». Este cuerpo existe y es la expresión de la vida, de la exploración de la vida. En nuestra sociedad, la gente relaciona inmediatamente deseo con deseo sexual, deseo amoroso; pero el deseo no está limitado a estas dos categorías. Desear es manifestar el impulso, aspirar a…, creer en…, elevarse hacia un mundo mejor, ir hacia… es la expresión del movimiento creador.

En nuestra sociedad hay un tabú con la palabra deseo o el verbo desear, como si no estuviese permitido desear algo. Cuando era joven me decían que desear era peligroso, porque producía sueños que podían ser irrealizables. Por consiguiente, iba por la vida de decepción en decepción, de desilusión en desilusión. Me pedían que razonase. Cada vez que asomaba el impulso creador, sonreían ante tanta «locura juvenil» y me decían que no era posible.

Cuando, estando enferma, decidí ir a París, a ver a Thérèse Bertherat, para encontrar de nuevo mi cuerpo perdido, me dijeron lo mismo: una vez más, no estaba razonando. No tenía derecho a desear. No podía dejarlo todo: mi carrera, mi coche, mi apartamento. Aquello no se hacía… Me dijeron que, en aquellas condiciones, ningún banco me prestaría el dinero que necesitaba para curarme. Sin embargo, mis ganas de curarme me llevaron a París y a mi liberación. Si hubiese hecho caso a quienes me hablaban desde lo alto de su prisión, sería ahora todavía artrítica.

El cuerpo libre es el cuerpo del impulso vital. La vida puede circular por él a su antojo y el impulso creador emprender su vuelo. Los deseos surgen de lo más profundo del ser, emanan como la aspiración que eleva, enriquece, abre, crea. No hay ningún peligro, porque los deseos están vinculados íntimamente con el ser, desprovistos de distorsiones y son la expresión pura de la autenticidad.

El cuerpo libre deja de mantener la distinción entre arriba y abajo, izquierda y derecha. Todos sus centros de energías, todas sus glándulas y todos sus órganos internos están vueltos hacia una búsqueda de armonía, ya que el cuerpo está liberado de las corazas que creaban la separación, la división, la dicotomía y la confusión. Resulta también más cómodo para el cuerpo libre vibrar al unísono y reconocer el principio creador de la vida en su deseo de expresión y de comunión.

El cuerpo libre está liberado de sus condicionamientos mentales, afectivos y físicos que hacen que se bloquee en él la energía vital. Cuanto mejor expresa este cuerpo sus deseos, sus apetencias, sus impulsos, más libre se mantiene en su movimiento, en su expresión y en su creatividad.

EL CUERPO VIVO

La cuarta etapa del camino de los reencuentros es el cuerpo vivo, el cuerpo de nuestra transparencia. Es el cuerpo que no tiene miedo a dejar que la vida hable en él. Este cuerpo no teme a sus emociones, que circulan libremente por él. No tiene miedo a expresarse ni a atreverse a ser lo que es. Es amor, porque está habitado, liberado, vivido y, por eso mismo, está vivo. Sencillamente es. No necesita protegerse, ya que su protección es el amor, la expresión creadora, la sencillez, la vida tal como es. Es espontaneidad, creatividad, expresión pura de su autenticidad.

El cuerpo vivo es auténtico en su expresión de la vida bajo todas sus formas. No se nutre de acuerdos, condicionamientos ni construcciones del pensamiento. Es su identidad real, está vivo y es auténtico. Este cuerpo manifiesta lo que es, sin hacer juicios. Su decepción, su alegría, su pena y su cólera son emociones que circulan, porque no están retenidas por el cuerpo. Son la expresión pura de la vida y del movimiento.

El cuerpo de nuestra transparencia expresa la inteligencia de la vida, en su refinamiento y en su simplicidad, al mismo tiempo. El cuerpo vivo no conoce la mentira, el ocultamiento, lo no-dicho. El diálogo de la vida que hay en él mismo es simple, porque está en movimiento. No tiene miedo al cambio: se deja llevar a la fluidez de la vida. Ha dejado de luchar y de resistir. Conoce el amor, la abundancia, la plenitud.

El cuerpo vivo ha dejado de luchar contra la vida. Acepta la energía de la vida, sin hacer juicios. Se convierte en movimiento y, por eso, se hace transparente. No bloquea ni sus vivencias ni la vida que hay dentro y fuera de él.

En el cuerpo de nuestra transparencia, la energía de vida circula desde dentro hacia fuera, y viceversa. El cuerpo de nuestra transparencia es un cuerpo que respira, está habitado, liberado, vivido y vivo. Este cuerpo existe en el momento presente y es por eso por lo que es transparente. Ya no vive del pasado ni del futuro. No tiene necesidad de acumular, de proteger o de defender, porque conoce sus vivencias, ama y es amado. Puede entregarse plenamente a la transparencia.

El cuerpo de nuestra transparencia es el cuerpo que comunica su autenticidad y su verdad. Es el cuerpo que no retiene su amor. Es el cuerpo fluido, que respira, que está libre en sus vivencias, en su comunicación y en sus intercambios.

En el cuerpo de la transparencia, el ego construido no existe ya, se encuentra en él una transparencia, una comunicación entre el ego y el alma. Por eso es por lo que pasa por él la energía y circula libremente sin obstáculos, sin retenciones, sin proyección. El movimiento de la vida se comunica al todo.

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