A mí, como a muchas personas de mi generación, se me vendió la idea de que lo mejor a lo que podíamos aspirar era a tener unos estudios universitarios, estudiar una carrera con salidas que nos permitiera ganarnos bien la vida, pedir una hipoteca a 30 años para tener un piso en propiedad, tal vez formar una familia, quizás tener una segunda residencia en la playa o en la montaña. El éxito que se nos vendió era entendido en términos de estatus económico y social, la seguridad material como bien supremo, formar una familia como aspiración máxima en la vida.

Sin embargo, este modelo, que yo iba cumpliendo de manera inconsciente a rajatabla, no me llenaba, más bien me consumía. Tenía muchas preguntas, muchas dudas.  Mi intuición me decía que la vida no podía ser solamente eso, que tenía que haber algo más que simplemente estudiar, trabajar, consumir, pagar una hipoteca, crear una familia (me parece muy legítimo crear una familia, pero no como imperativo social, sino fruto de una decisión meditada, libre y consciente).

Después de unas cuantas crisis personales mi percepción de la vida, mi manera de sentirme y de vivirme cambió radicalmente. Inicié entonces un proceso de búsqueda, de autoconocimiento profundo, en el que aprendí algo que después de revelaría como indispensable para continuar con mi proceso de desarrollo personal y espiritual: la importancia de desaprender, de desprogramarme, de cuestionar los propios cimientos y emanciparme de lo asimilado anteriormente  para de este modo abrirme a nuevas formas de ser y de entender y darme la oportunidad de renacer a otro ser mucho más auténtico y capaz de construir una vida más coherente con lo que siento, con lo que soy.

Me di cuenta de que no hay nada que buscar allá fuera, que las respuestas que tanto anhelamos se hallan en nuestro interior y que el camino de búsqueda debe orientarse necesariamente hacia dentro. Y que en ese caminar hacia la esencia de uno mismo hay que inevitablemente transitar las propias zonas oscuras, aquellas que desconocemos, aquellas que tanto nos aterran. Y redescubrirnos así en nuestra dimensión más vital y también más luminosa de nuestro ser, pero adquiriendo una comprensión de la globalidad de lo que somos, de nuestras polaridades, de nuestras contradicciones y también de nuestras ambivalencias y aceptar todo ello como parte del juego de vivir y de ser humano.

Ese camino de crecimiento y de autoconocimiento me llevó a obtener mayor claridad y, en coherencia con mi nueva visión de la vida y de mi mismo, reuní suficiente coraje para abandonar mi profesión y mi vida hasta el momento para dedicarme a mi gran pasión, escribir. Dejé un trabajo cómodo y bien remunerado en una entidad bancaria para convertir mi pasión en mi profesión. Previamente había trabajado 7 años como asesor contable y fiscal en diferentes empresas y en diferentes sectores como el inmobiliario. Tenía, en cierto modo, un camino trazado, pero que no me llenaba. Tuve, en ese momento de transición que enfrentarme a la incomprensión de mi entorno y de mi pareja de entonces. Pero poco a poco, con compromiso y mucha tenacidad pude ir ganándome su respeto, aunque es cierto que a veces iniciar un camino, estrenar una nueva etapa significa cerrar otras puertas y, por tanto, siempre en mayor o menor medida, cuando persigues un sueño, pagas un precio, el mío fue terminar esa relación de pareja. Yo estaba dispuesto a pagarlo y seguí adelante. Me centré sobre todo en mis dos intereses principales, la poesía, a través de la cual expresaba mi dimensión más contestataria y rebelde, y el crecimiento personal, a través del cual expresaba mis inquietudes humanas y existenciales.

Tras diez años de camino largo y no exento de tropiezos, soy autor de 20 títulos y he creado un sello editorial que ha ido creciendo y se ha hecho un hueco en este complejo y difícil mundo editorial. Estoy inmerso actualmente en el desarrollo de nuevos proyectos estimulantes y enriquecedores junto a otras personas que me inspiran y me ayudan a superar temores y dificultades, y son un espejo en el que descubrirme también en mis habilidades y mis fortalezas.

No pretendo ser ningún gurú, ni ofrecer a nadie fórmulas mágicas y universales para hallar la felicidad, el éxito y la serenidad. Cada uno debe librar su propia lucha, caminar su propio camino y llegar a su propia verdad. Yo no puedo ofrecer fórmulas porque no las tengo, trabajo día a día con esmero, cariño y paciencia para entender cuál es mi papel en este mundo y qué sentido tiene cada uno de mis pasos en esta vida. Mis libros y mis actividades son, sencillamente, un reflejo de esa búsqueda, de ese deseo de comprensión, de totalidad. Por tanto, trato únicamente de canalizar mi inquietud por expresar mis dudas, mis vivencias, mis carencias, y que esa expresión tienda un puente de comunicación con otras personas, con otros seres humanos que se encuentran en esa misma senda de autodescubrimiento y de conexión con la vida. Repito, no pretendo ser ningún gurú, es precisamente en el camino de encuentro con los demás donde puedo enriquecerme de las vivencias y de las experiencias de otros, y comprenderme mejor a mí mismo y a la vida. Soy un buscador nato y sigo aprendiendo con humildad día a día.

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